Una mirada a la terapia virtual

Una mirada a la terapia virtual

Por: Carmen Rivera Noceda

Carmen Rivera Noceda, terapeuta familiar, comparte la nueva experiencia que ha significado adaptarse a entornos virtuales para poder brindar la atención y apoyo a las familias, en este contexto de aislamiento debido a la pandemia del coronavirus.

La terapia, para mí, es una conversación que sana, un encuentro para aliviar el dolor. Me especialicé como Terapeuta Familiar Sistémica hace ya 20 años. Los terapeutas familiares fuimos formados para observar a las familias. Nuestra tarea consiste en ver como se organizan, cómo funcionan y se estructuran; buscamos ayudarlos a pasar ese “bache” que se presenta en su camino de vida para que puedan continuar.

La terapia familiar busca generar un espacio en el que la familia puedan descargar su malestar, dolor o preocupación. El paciente definitivamente busca ser “escuchado”, lo cual implica no sólo tomar en cuenta lo que se dice, sino también lo que no se dice, los silencios y los movimientos del cuerpo.

Danza familiar

Nosotros, los terapeutas, buscamos establecer un diagnóstico familiar con base en la información valiosa que las personas comparten con nosotros, pero también fuimos entrenados para tomar en cuenta lo que observamos: cómo ingresa la familia al consultorio, cómo se ubican, sus miradas, sus risas, sus silencios, sus interrupciones, todo ello forma parte de su propia “danza” familiar. ¡Sí! ellos tienen su propia danza, y la terapia es sólo un permiso especial y temporal en que abren sus puertas “las puertas de sus almas, de sus vidas”, para que nosotros, los Terapeutas, ingresemos por un tiempo determinado y así poder ayudarlos a transitar por una etapa de sus vidas, acompañándolos en algún proceso.

Yo, llevo cerca de 20 años acompañando a familias en diferentes momentos. La pandemia nos obligó a “reinventarnos” y nosotros como terapeutas, pasamos de nuestras sesiones familiares en un cómodo consultorio -de la mirada cercana, de recibirlos dándoles un beso o la mano y una sonrisa, de alcanzarles un pañuelo en caso de que sea necesario y de compartir un mismo escenario- a la necesidad de crear un nuevo espacio, un ESPACIO VIRTUAL para generar estos valiosos encuentros.

Mirada personal

Definitivamente, para cada uno de nosotros, como terapeutas, ha significado algo diferente, y lo hemos vivenciado todos desde nuestra propia perspectiva, desde nuestra mirada tan personal y única; algunos con mayor facilidad que otros, unos amantes y conocedores de la tecnología, ya familiarizados con las redes sociales y el mundo virtual, y otros, como yo, novatos y resistentes a lo tecnológico, lo moderno.

Sin embargo, nuestro quehacer profesional, nuestra pasión por ayudar a las familias a transitar por las diferentes etapas del ciclo familiar, nos ha desafiado a romper los propios miedos, las barreras y nuestra ignorancia virtual para dar paso a novedosas sesiones virtuales o terapia on line, como algunos las llamamos.

Aquí vienen muchas preguntas, cuestionamientos, puntos de vista de diferentes colegas y profesionales del área de la salud mental. Unos, hablan de las muchas posibilidades y los grandes beneficios de la virtualidad, otros de las diferentes limitaciones unidas a la imperante necesidad de adaptarse a una “nueva realidad”, no discutiré este tema.

Yo, simplemente quiero compartir mi vivencia con Ustedes desde mi experiencia profesional, desde mis 24 años de ejercicio como psicóloga y 20 años como terapeuta familiar sistémica. Durante este tiempo realicé mínimas sesiones o acompañamiento psicológico a través de las redes sociales o línea telefónica. Si alguna vez las hubo, en ningún caso fue tan formal o significativo.

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¡Y llega El 2020!, año prometedor y con grandes sueños, que terminó dando un giro tremendo y desafiándonos a todos. Y es así, que al recibir llamadas telefónicas de mis pacientes y otros que consultaban sobre mis servicios profesionales, comencé a plantearme algunas preguntas, las que cada uno se debe haber hecho en su área respectiva: ¿Cuándo volveré a trabajar? ¿Podré volver a atender? ¿Iniciaré mi intervención en redes? ¿Qué herramienta debo utilizar? ¿Tal vez el Zoom? ¿Quizás Google Meet? ¿Haré videollamadas o salas de chat? ¿Qué pautas daré a la familia? ¿Cómo podré manejar la observación? ¿Cómo lograr la escucha? ¿Cómo generar la confianza? Estas y otras tantas más eran las interrogantes que me acechaban.

Ahora me tocaba evaluar mi propia realidad. Soy madre de una niña en etapa preescolar, hija de dos adultos mayores a quienes debo cuidar, esposa de un Ingeniero que ejerce como docente y hace teletrabajo desde que inició la cuarentena y cuya experiencia en las redes es mucho mayor que la mía.

En medio de esta realidad decido iniciar esta nueva etapa en mi vida profesional y espero de corazón que me vaya muy bien. Empiezan nuevos retos, nuevas organizaciones, nuevas dinámicas: aviso mi decisión a la familia, coordino con todos y cada uno.

Llegado el momento, comunico que entraré en sesión, que no deben interrumpirme, el ritual es casi el mismo de la atención presencial, preparo un café, alisto un lugar cómodo en casa, esta vez, requiero un aro de luz, mi celular cargado, audífonos para proteger la privacidad de la conversación de mi paciente. Debo confesar, que amo la ropa cómoda, así que me alisto formalmente como si fuera a ver a mi paciente en persona, pero no puedo resistir trabajar con medias. (Casi todos lo hemos hecho).

Confirmo con la familia que atenderé pacientes, que iniciaré el contacto en videollamada o por el medio que, con la familia a tratar, hayamos elegido, por fin los llamo… al fin nos encontramos… Al inicio de la sesión hay un tiempo breve para ponernos cómodos, ubicar el celular de ellos o la laptop de manera que podamos mirarnos y escucharnos todos.

Ahora esto cobra una vitalidad más poderosa: mirarnos y escucharnos. Muchas veces los veo correr y recorro diferentes espacios de su casa con ellos, he paseado por la sala, la cocina, la habitación o el jardín mientras gritan una que otra indicación a sus parientes. A veces, logro percibir un poco de tensión mientras mis pacientes buscan el lugar privado donde nadie más en su hogar pueda escuchar esta conversación tan personal que tenemos.

El valor de los detalles

Finalmente llegamos a ese lugar que han elegido, por lo general esta conversación tan íntima transcurre en su habitación, muchas veces acostados, o sentados libres en sus camas, en pijamas, en medias. En realidad, disfruto viéndolos tranquilos y relajados. Han transcurrido sesiones donde su mascota está en brazos o sobre la cama con ellos, ellos toman café o beben algo mientras conversamos. Hace poco una familia de cuatro miembros, dos padres y dos hermanos, prepararon canchita para la sesión, los veía pasar un plato y compartir a los otros tres algo, mientras uno de ellos hablaba conmigo.

¿Por qué valoro estos detalles? Porque cada uno de ellos, me hablan de la familia, de sus recursos, de sus posibilidades, de sus gustos, de sus valores. Y porque en medio de todo lo descrito, surgen profundas conversaciones, y se generan nuevas interacciones. Los he visto, pintar, abrazarse, llorar, reconocer, pedir perdón, perdonar, pedir otra oportunidad, establecer acuerdos. Hemos compartido dibujos, sonrisas, lágrimas, chistes. Los vi mirarse, escucharse, darse tiempo para hablar de temas que antes no habían tocado.

Salvador Minuchin, un destacado terapeuta familiar, definía la terapia como un arte que consiste en entrar en coparticipación con una familia, experimentar la realidad como sus miembros la viven, participar de sus sentimientos. En definitiva, las relaciones virtuales jamás podrán remplazar a los encuentros presenciales, eso me queda claro. Sin embargo, a pesar de no estar cerca de manera física, he podido contactar con sus emociones, y me he sentido totalmente cerca.

Adaptación al cambio

La vida no es lineal, el camino no se da sin tropiezos, en nuestro andar todos podemos pasar “baches” o “crisis”. En esos momentos difíciles, contar con una red de soporte y buscar ayuda profesional debería ser parte natural del recorrido de nuestras vidas.

El desafío es y será siempre nuestra capacidad para ser flexibles y adaptarnos a las circunstancias que nos presenta la realidad. Y en esta extraña situación actual nuestro reto es seguir acompañando a más personas en su crecimiento personal y cumplir nuestro llamado a: Fortalecer Vidas y Familias.

Si lo leíste hasta el final, gracias por tu tiempo. No olvides compartir para animar a otros en su desarrollo personal y no dudes comunicarte conmigo, en caso lo creas necesario, al 981783496.

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